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09 junio, 2009

La rosa




Apréndele a esta rosa que está ahí
y piensa pensamiento con 7
pétalos desafinados, vino
de Grecia, olió a Píndaro y Píndaro
la olió entre las 10.000 abejas
que perdimos en el parto.
                                      Ahí ciega
la rosa.



Gonzalo Rojas

01 junio, 2007

Desde abajo



Entonces nos colgaron de los pies, nos sacaron
la sangre por los ojos,
                                  con un cuchillo
nos fueron marcando en el lomo, yo soy el número
25.033,
            nos pidieron
dulcemente,
casi al oído,
que gritáramos
viva no sé quién.

                          Lo demás
son estas piedras que nos tapan, el viento.



Gonzalo Rojas

26 mayo, 2007

Celia


                                        I

Y nada de lágrimas; esta mujer que cierran hoy
en su transparencia, ésta que guardan
en la litera ciega del muro
de cemento, como loca encadenada
al catre cruel en el dormitorio sin aire, sin
barquero ni barca, entre desconocidos sin rostro, ésta
es
únicamente la
Unica
que nos tuvo a todos en el cielo
de su preñez.
                       Alabado
                    sea su vientre.


                                        II

Y nada, nada más; que me parió y me hizo
hombre, al séptimo parto
de su figura de marfil
y de fuego,
      en el rigor
de la pobreza y la tristeza,
y supo
oír en el silencio de mi niñez el signo,
el Signo
sigiloso
sin decirme
nunca
nada.
          Alabado
        sea su parto.


                                        III

Que otros vayan por mí ahora
que no puedo, a ponerte
ahí los claveles
colorados de los Rojas míos, tuyos,
                                                                 hoy
trece doloroso de tu martirio,
                                                     los
de mi casta que nacen al alba
y renacen; que vayan a ese muro por nosotros, por Rodrigo
Tomás, por Gonzalo hijo, por Alonso; por Joaquín,
que vayan
o no, si prefieren
o que oscura te dejen
sola,
sola con la ceniza
            de tu belleza
que es tu resurrección, Celia
Pizarro,
     hija, nieta de Pizarros
y Pizarros muertos, Madre;
        y vengas tú
al exilio con nosotros, a morar como antes en la gracia
de la fascinación recíproca.

             Alabado
          sea tu nombre para siempre.




Gonzalo Rojas